Longevidad: qué es, en qué se diferencia de la esperanza de vida y qué la construye

Active ton protocole

La longevidad es la duración efectiva de una vida. No es lo mismo que la esperanza de vida, que es una media estadística de una población, ni que la esperanza de vida saludable, que descuenta los años vividos con enfermedad o limitación. Lo que decide la diferencia entre las tres es, en buena parte, lo que haces cada día.

España es uno de los países más longevos del mundo, y sin embargo la conversación pública sobre longevidad se ha llenado de análisis caros, edad biológica y protocolos. Merece la pena volver a lo medido: qué significa exactamente la palabra, cuánto pesan los genes, y qué cuatro cosas aparecen una y otra vez en los estudios que sí siguen a personas durante décadas.

¿Qué significa longevidad y por qué no es lo mismo que esperanza de vida?

Tres términos se usan como sinónimos y no lo son, y confundirlos cambia por completo el objetivo que te pones.

La longevidad es la duración de la vida de un organismo concreto. Es una medida individual: la longevidad de tu abuela fueron sus noventa y cuatro años. La esperanza de vida, en cambio, es una media estadística construida sobre las tasas de mortalidad de una población entera; nadie vive exactamente la esperanza de vida de su país. Y la esperanza de vida saludable, que en la literatura aparece como HALE, descuenta de esa media los años que se viven con enfermedad o limitación funcional. Es la métrica que el estudio Global Burden of Disease calcula para 204 países.

LAS TRES MEDIDAS, Y LA DISTANCIA ENTRE ELLAS

años vividos con limitaciónaños vividos con autonomía
Esperanza de vida saludable (HALE)
Esperanza de vida total
Longevidad de una persona concreta
La franja entre las dos primeras es la que se vive con enfermedad. Alargar la vida sin estrechar esa franja solo alarga la dependencia.

Esa distinción no es académica. Ganar años de esperanza de vida sin ganar años de vida saludable significa, literalmente, alargar el periodo de dependencia. Por eso la investigación en envejecimiento habla desde hace tiempo de compresión de la morbilidad: no estirar el final, sino empujar el inicio de la enfermedad lo más tarde posible.

¿Cuánto dependen los genes y cuánto lo que haces?

Los estudios en gemelos y en grandes genealogías sitúan la parte heredable de la duración de la vida en torno a la cuarta parte. Es una cifra que conviene leer en las dos direcciones: los genes cuentan, y aun así dejan la mayor parte del resultado en manos de otra cosa.

Cuánto pesa esa otra cosa se ha medido. Li y su equipo publicaron en Circulation un análisis sobre dos cohortes estadounidenses de más de 120 000 personas seguidas hasta 34 años, con 42 167 fallecimientos registrados. Definieron cinco factores de bajo riesgo: no fumar nunca, índice de masa corporal entre 18,5 y 24,9, al menos 30 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada o alta, consumo moderado de alcohol y una alimentación de buena calidad.

La diferencia que encontraron a los 50 años de edad es difícil de ignorar. Quien cumplía los cinco factores tenía por delante una esperanza de vida de 43,1 años si era mujer y de 37,6 si era hombre. Quien no cumplía ninguno, 29,0 y 25,5 años respectivamente. Catorce años de diferencia en ellas, doce en ellos.

Mujer de mediana edad sonriendo, con el pelo suelto, sobre un fondo claro
Los cinco factores del estudio de Li no son exóticos: no fumar, peso ajustado, media hora de movimiento al día, poco alcohol y comer bien.

Los cuatro pilares que sostienen la evidencia

Cuando se ordenan los estudios de cohorte por lo que realmente predice la supervivencia, aparecen siempre los mismos cuatro bloques. No son un eslogan, son lo que queda cuando se quitan las modas.

LOS CUATRO PILARES DE LA LONGEVIDAD

Longevidad
saludable

Movimiento

Cualquier intensidad cuenta. La relación con la mortalidad es dosis-respuesta y no lineal: el salto más grande está al principio.

Alimentación

Patrón mediterráneo, con aceite de oliva virgen extra, frutos secos, legumbres, verdura y pescado por delante de la carne roja.

Sueño

Regularidad de horarios y duración suficiente. El metabolismo de reparación trabaja de noche.

Vínculos

El aislamiento social se comporta como un factor de riesgo, no como un adorno del bienestar.

Ninguno sustituye a los otros tres. Comer bien y no moverse no da los mismos resultados que comer bien y moverse.

El pilar del movimiento tiene el dato más elocuente, y viene de un metaanálisis armonizado publicado en el BMJ por Ekelund y su equipo. Reunieron datos individuales de ocho estudios, 36 383 personas con una edad media de 62,6 años, medidas con acelerómetro y no con cuestionario. Tomando como referencia el cuarto menos activo, el riesgo de morir durante el seguimiento fue de 0,48 en el segundo cuarto, 0,34 en el tercero y 0,27 en el más activo.

Fíjate en la forma de la curva: el descenso mayor está entre el primer cuarto y el segundo. Pasar de sedentario a poco activo compra más que pasar de activo a muy activo. Y los autores lo subrayan: cualquier actividad, a cualquier intensidad, se asoció a menor mortalidad.

Mujer en una sala de entrenamiento realizando una zancada larga sobre una esterilla, fotografía en blanco y negro
El salto de riesgo más grande no está entre entrenar mucho y entrenar muchísimo. Está entre no moverse y moverse algo.

La dieta mediterránea, el activo español que sí se ha ensayado

Casi toda la evidencia sobre alimentación y longevidad es observacional. La excepción es española, y por eso vale la pena contarla con cuidado.

El ensayo PREDIMED asignó a 7 447 personas de 55 a 80 años con riesgo cardiovascular alto pero sin enfermedad previa a una de tres dietas: mediterránea con aceite de oliva virgen extra, mediterránea con frutos secos, o una dieta control baja en grasa. El seguimiento mediano fue de 4,8 años y se registraron 288 eventos cardiovasculares graves. Frente al control, el riesgo fue de 0,69 en el grupo del aceite de oliva y de 0,72 en el de los frutos secos.

Y aquí viene la parte que ninguna página que promociona la dieta mediterránea cuenta. El informe original de 2013 fue retirado. Los autores detectaron desviaciones del protocolo de aleatorización en varios centros: familiares incorporados sin aleatorizar, asignaciones sin sorteo en uno de los once centros. Reanalizaron los datos sin dar por hecha la aleatorización perfecta y volvieron a publicar en 2018, en el New England Journal of Medicine, con estimaciones revisadas. El resultado se mantuvo, pero la historia importa: una recomendación que se corrige a sí misma es más fiable que una que nunca se revisa.

Lo que dice la SERP españolaLo que dice el ensayo
«La dieta mediterránea alarga la vida»Redujo eventos cardiovasculares graves en personas de 55 a 80 años con riesgo alto. La mortalidad total no era el criterio principal.
«Con aceite de oliva basta»Los dos brazos de intervención incluían asesoramiento dietético trimestral, no solo un alimento.
«Es un estudio incuestionable»El informe de 2013 se retiró por desviaciones de aleatorización y se republicó reanalizado en 2018.

¿Cuándo empieza la longevidad?

La respuesta que da la geriatría es incómoda para quien busca un punto de partida cómodo: empieza mucho antes de que se note. Lo que se acumula entre los cuarenta y los sesenta decide buena parte de lo que pasa después.

La medida que mejor captura ese proceso no es una analítica, es la fragilidad. El Estudio Toledo de Envejecimiento Saludable, dirigido desde la provincia de Toledo sobre 2 488 personas de 65 años o más, la evaluó con los cinco criterios de Fried: debilidad, lentitud al andar, poca actividad física, agotamiento y pérdida de peso. Encontró que el 41,8 % estaba en situación de prefragilidad y el 8,4 % era ya frágil.

El dato relevante para ti es el primero, no el segundo. La prefragilidad es reversible: es el estado en el que todavía se puede recuperar y mantener la fuerza y la velocidad al andar, con carga y con proteína. Entre los aportes proteicos que se han ensayado junto al entrenamiento de fuerza en esa franja de edad figuran los péptidos de colágeno. Cuatro de cada diez personas mayores en España están en esa franja, y muchas no lo saben porque se encuentran bien.

La inflamación crónica de bajo grado, el hilo que atraviesa a los demás

Hay un proceso que aparece bajo casi todas las enfermedades asociadas a la edad, y que explica por qué los cuatro pilares se refuerzan entre sí. Franceschi y Campisi lo bautizaron inflammaging: una inflamación crónica, de bajo grado, sin infección que la justifique, que sube lentamente con los años.

No duele y no se ve en un análisis rutinario. Lo describen como un factor de riesgo de primer orden para la morbilidad y la mortalidad en las personas mayores, porque casi todas las enfermedades ligadas a la edad comparten un componente inflamatorio en su origen.

La alimentación es la palanca que más lo toca a diario, y por ese motivo formulamos nuestro antiinflamatorio natural biodisponible como apoyo a un patrón alimentario rico en vegetales, no como sustituto de él. Cuando ese terreno ya se ha traducido en articulaciones que limitan lo que puedes hacer, el enfoque cambia y lo tratamos en nuestra página sobre el desgaste articular que recorta la autonomía.

Qué no compra la longevidad

Tres advertencias, porque el mercado que ha crecido alrededor de esta palabra es grande.

  • No hay una vitamina antienvejecimiento. Es una de las preguntas más buscadas en España y la respuesta honesta es que ningún micronutriente aislado ha demostrado alargar la vida humana. Corregir un déficit real, como el de vitamina D o B12, sí tiene sentido; suplementar sin déficit, no.
  • La edad biológica que venden los test es una estimación. Los relojes epigenéticos son herramientas de investigación válidas, con márgenes de error amplios a nivel individual. Un resultado no es un diagnóstico ni un pronóstico.
  • Una unidad de longevidad no es un atajo. Las consultas privadas que han aparecido en España hacen medicina preventiva con un buen panel de pruebas, y eso tiene valor. Lo que devuelven es un mapa, no un tratamiento que te ahorre mantener los hábitos.
  • Ningún protocolo sustituye a los cuatro pilares. Los programas de longevidad más mediáticos apoyan la mayor parte de su efecto en dormir, moverse y comer bien. El resto es, por ahora, hipótesis en curso.

Preguntas frecuentes sobre la longevidad

¿Qué significa la longevidad?

Es la duración efectiva de la vida de un organismo concreto. No hay que confundirla con la esperanza de vida, que es una media estadística de una población, ni con la esperanza de vida saludable, que descuenta de esa media los años vividos con enfermedad o limitación.

¿Cuáles son los 4 pilares de la longevidad?

Movimiento, alimentación, sueño y vínculos sociales. Son los cuatro bloques que aparecen de forma constante en los estudios de cohorte que siguen a personas durante décadas. Ninguno sustituye a los otros tres.

¿Cuáles son las claves para la longevidad según los estudios?

El análisis de Li en Circulation midió cinco factores: no fumar nunca, índice de masa corporal entre 18,5 y 24,9, al menos 30 minutos diarios de actividad moderada o alta, consumo moderado de alcohol y una alimentación de buena calidad. A los 50 años, cumplirlos todos frente a ninguno suponía 14 años más de esperanza de vida en mujeres y 12 en hombres.

¿Cuándo empieza la longevidad?

Mucho antes de que se note. La fragilidad, que es el mejor indicador del proceso, ya está presente en su forma reversible en cuatro de cada diez personas mayores de 65 años en España, según el Estudio Toledo. Lo que se acumula entre los cuarenta y los sesenta decide buena parte de lo que viene después.

¿Cuál es la vitamina para prevenir el envejecimiento?

No existe. Ningún micronutriente aislado ha demostrado alargar la vida humana. Corregir un déficit documentado, como el de vitamina D o B12, tiene sentido clínico; tomar vitaminas sin déficit no ha demostrado ese efecto.

¿Cuánto depende la longevidad de la genética?

Los estudios en gemelos y genealogías sitúan la parte heredable en torno a la cuarta parte de la variación en la duración de la vida. El resto queda en el terreno del entorno y de los hábitos, que es justamente donde se puede intervenir.

¿Es fiable la dieta mediterránea para vivir más?

Es el único patrón alimentario ensayado en España con asignación a grupos. PREDIMED siguió a 7 447 personas de 55 a 80 años con riesgo cardiovascular alto y encontró menos eventos cardiovasculares graves con dieta mediterránea. Conviene saber que el informe de 2013 se retiró por desviaciones de aleatorización y se republicó reanalizado en 2018, con el resultado mantenido.

Fuentes

Estruch R., Ros E., Salas-Salvadó J., Covas M.I., Corella D., Arós F., Gómez-Gracia E., Ruiz-Gutiérrez V. et al. Primary Prevention of Cardiovascular Disease with a Mediterranean Diet Supplemented with Extra-Virgin Olive Oil or Nuts. New England Journal of Medicine, 2018;378(25):e34. DOI: 10.1056/NEJMoa1800389

Li Y., Pan A., Wang D.D., Liu X., Dhana K., Franco O.H., Kaptoge S., Di Angelantonio E. et al. Impact of Healthy Lifestyle Factors on Life Expectancies in the US Population. Circulation, 2018;138(4):345-355. DOI: 10.1161/CIRCULATIONAHA.117.032047

Ekelund U., Tarp J., Steene-Johannessen J., Hansen B.H., Jefferis B., Fagerland M.W., Whincup P., Diaz K.M. et al. Dose-response associations between accelerometry measured physical activity and sedentary time and all cause mortality: systematic review and harmonised meta-analysis. BMJ, 2019;366:l4570. DOI: 10.1136/bmj.l4570

García-García F.J., Gutiérrez Ávila G., Alfaro-Acha A. et al. The prevalence of frailty syndrome in an older population from Spain. The Toledo Study for Healthy Aging. The Journal of Nutrition, Health and Aging, 2011;15(10):852-856. DOI: 10.1007/s12603-011-0075-8

Franceschi C., Campisi J. Chronic Inflammation (Inflammaging) and Its Potential Contribution to Age-Associated Diseases. The Journals of Gerontology Series A: Biological Sciences and Medical Sciences, 2014;69(Suppl 1):S4-S9. DOI: 10.1093/gerona/glu057

GBD 2019 Demographics Collaborators (Wang H., Abbas K.M. et al.). Global age-sex-specific fertility, mortality, healthy life expectancy (HALE), and population estimates in 204 countries and territories, 1950-2019. The Lancet, 2020;396(10258):1160-1203. DOI: 10.1016/S0140-6736(20)30977-6

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