Ácido alfa lipoico: para qué sirve, qué dosis y qué riesgo poco conocido tiene

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El ácido alfa lipoico es un ácido graso con azufre que tu cuerpo fabrica y que actúa como cofactor en la producción de energía. Su uso más estudiado es la neuropatía diabética. La AESAN calculó una ingesta diaria admisible de 0,6 mg por kilo, unos 42 mg al día para 70 kg, muy por debajo de las cápsulas de 100 a 600 mg que se venden en España.

Esa distancia entre lo que evaluó la agencia española y lo que hay en el estante es la primera cosa que deberías saber, y no la cuenta ninguna de las páginas que salen antes que esta. Vamos con todo lo demás.

¿Qué es el ácido alfa lipoico y para qué sirve?

También se llama ácido tióctico. Es un ácido graso de ocho carbonos con dos átomos de azufre en un anillo, y esa estructura es la que hace todo el trabajo: le permite pasar de forma oxidada a forma reducida, el ácido dihidrolipoico, y volver. En el organismo funciona como cofactor de la piruvato deshidrogenasa, el complejo enzimático que mete el piruvato en el ciclo de Krebs. Ese complejo trabaja con la coenzima que transporta los electrones de todo el proceso, el NAD+.

Su rasgo más citado es real y poco frecuente: es soluble tanto en agua como en grasa. La vitamina C sólo trabaja en medio acuoso y la vitamina E sólo en el lipídico; el ácido alfa lipoico llega a los dos. Por eso se le llamó en su día antioxidante universal.

En los alimentos aparece en espinacas, brócoli, tomate, guisantes, coles de Bruselas y vísceras como el hígado y el riñón. Las cantidades son mínimas, del orden de microgramos por ración, unido además a proteínas. Ninguna dieta te acerca a las dosis de una cápsula, y ninguna carencia alimentaria de este compuesto ha sido descrita, porque el cuerpo lo sintetiza.

Un apunte de vocabulario que ahorra confusiones: el ácido lipoico no es una vitamina, aunque muchas fichas lo coloquen en el mismo estante que una liposoluble de verdad como la vitamina K2. Tu cuerpo lo fabrica, la dieta no tiene que aportarlo y no se ha descrito ninguna carencia. Las declaraciones de salud autorizadas en Europa que sí existen para la protección frente al daño oxidativo se refieren a la vitamina C, la vitamina E, el zinc, el selenio y algún mineral más. Para este compuesto no hay ninguna.

Forma R o forma racémica: qué cambia de verdad

Aquí hay una diferencia química auténtica y un argumento comercial montado encima. La molécula tiene un carbono asimétrico, así que existe en dos versiones especulares. La R es la que fabrica tu cuerpo y la única que encaja en las enzimas. La S sólo aparece cuando se sintetiza en el laboratorio.

R, la natural

Es la forma biológicamente activa, la que actúa como cofactor enzimático. Se absorbe mejor, sobre todo como lipoato de sodio, pero es menos estable.

S, la sintética

No existe en la naturaleza. No sirve de cofactor. Contribuye a la capacidad redox y compite por el transporte con la forma R.

Racémica, la habitual

Mitad y mitad. Es lo que lleva casi todo lo que se vende, incluidas las dosis usadas en los grandes ensayos clínicos.

Lo que falta: ningún ensayo ha comparado la forma R con la racémica en un resultado clínico. Se ha medido la absorción, no el beneficio.

Traducido a decisión de compra: el argumento a favor de la R es farmacocinético, no clínico. Y hay una consecuencia incómoda para el marketing, porque toda la evidencia que se cita en las fichas de la forma R procede de estudios hechos con la mezcla racémica. Si quieres apoyarte en lo que está probado, lo probado es el racémico.

Neuropatía diabética: el uso con más ensayos, y su matiz

Es la indicación por la que este compuesto se conoce. En Alemania se usa desde hace décadas como medicamento para la polineuropatía diabética; en España se vende como complemento alimenticio, sin esa condición. La diferencia de estatus no cambia la molécula, cambia quién te la supervisa.

Manos de una mujer inyectándose insulina con una jeringuilla en un pliegue del abdomen
La polineuropatía distal afecta a una parte importante de las personas con diabetes de larga evolución. Es el terreno donde más se ha ensayado este compuesto.

El ensayo que se cita siempre es SYDNEY 2. Ciento ochenta y un pacientes en Rusia e Israel recibieron 600, 1 200 o 1 800 mg diarios por vía oral, o placebo, durante cinco semanas. La puntuación total de síntomas bajó un 51 % con 600 mg frente a un 32 % con placebo, y respondió el 62 % de los pacientes frente al 26 %. Los autores concluyeron que 600 mg al día ofrecen la mejor relación entre beneficio y riesgo, porque las náuseas y los vómitos aumentaban con la dosis.

Ahora el matiz, que es de 2024 y que no vas a leer en ninguna ficha de producto. La revisión Cochrane firmada por Baicus y su equipo se propuso evaluar el compuesto como agente que modifica la enfermedad, y para eso sólo admitió ensayos de seis meses o más. Quedaron tres estudios y 816 participantes.

Fuente Qué mide Resultado
SYDNEY 2, 2006
181 pacientes, 5 semanas
Alivio de síntomas a corto plazoBajada del 51 % en la escala de síntomas con 600 mg, frente al 32 % con placebo
Revisión Cochrane, 2024
816 participantes, 6 a 48 meses
Modificación de la enfermedad a medio plazoDiferencia de 0,16 puntos a los seis meses, por debajo del umbral de relevancia clínica de 0,97; evidencia de certeza moderada

Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez: alivio sintomático en semanas, sin frenar el curso de la neuropatía en meses.

El ensayo largo que más peso tiene en esa revisión es NATHAN 1: 460 pacientes con polineuropatía leve o moderada, 600 mg diarios o placebo, durante cuatro años. El objetivo principal, un índice compuesto, no mostró diferencia entre grupos. Varias medidas secundarias de afectación nerviosa sí mejoraron. Y un dato que merece figurar: los acontecimientos adversos graves fueron más frecuentes en el grupo tratado, 38,1 % frente a 28,0 %.

Lee las dos líneas juntas y verás que no se contradicen. Una mide cómo te sientes en cinco semanas, la otra si la neuropatía avanza menos en medio año. La segunda pregunta es la que importa a largo plazo, y ahí la respuesta actual es que probablemente no cambia gran cosa. Sobre el control de la glucosa, ningún ensayo lo ha situado como tratamiento de la diabetes: eso lo lleva tu médico.

¿Ayuda a adelgazar?

Es una de las razones por las que más gente lo compra en España, así que conviene poner la cifra. El metaanálisis de Namazi y su equipo, publicado en Clinical Nutrition en 2018, reunió los ensayos clínicos disponibles sobre suplementación con ácido alfa lipoico y peso corporal.

Pies descalzos de una mujer sobre una báscula digital blanca que marca 64,5 kilos
El efecto medido sobre el peso existe y es pequeño. Se sitúa en el orden de un kilo, en estudios de pocas semanas y con dosis altas.

Doce ensayos. El resultado agrupado es una pérdida de 0,69 kg de peso corporal y de 0,38 puntos de índice de masa corporal frente a placebo. Sobre el perímetro de cintura, en cambio, la diferencia no alcanzó significación. Los propios autores concluyen que el efecto es leve y que el compuesto no parece rentable con ese fin.

Setecientos gramos. Es un efecto real, medido y minúsculo. Nadie que haya leído esa cifra vendería este compuesto como un adelgazante, y sin embargo es exactamente así como circula en las tiendas españolas de suplementos.

La dosis según la agencia española, y la que hay en el estante

Este es el dato local que no aparece en ninguna de las páginas del top 10. El Comité Científico de la agencia española, en su informe sobre condiciones de uso de determinadas sustancias en complementos alimenticios, partió de un nivel sin efecto adverso observado de 60 mg por kilo y día en rata y aplicó el factor de seguridad habitual.

42 mg

Es lo que corresponde a una persona de 70 kg según la ingesta diaria admisible de 0,6 mg/kg al día que derivó el Comité Científico de la agencia española para el ácido lipoico en complementos alimenticios.

Informe del Comité Científico de la AECOSAN, referencia AECOSAN-2015-008

Ahora mira una etiqueta cualquiera en España: 100 mg, 200 mg, 300 mg, 500 mg, 600 mg. Entre dos y catorce veces esa cifra. Y no es ilegal: el ácido lipoico no entró en la lista de otras sustancias del Real Decreto 130/2018, de modo que se comercializa aquí por reconocimiento mutuo, al estar autorizado en Italia y en Bélgica.

DOS LECTURAS DE LA MISMA CIFRA

Lo que argumenta el sector

  • Los ensayos clínicos han usado 600 y hasta 1 800 mg diarios sin daño relevante.
  • El informe recoge estudios con hasta 2 400 mg durante seis meses sin efectos adversos.
  • Se vende legalmente en varios países de la Unión.

Lo que dice la evaluación

  • La ingesta diaria admisible derivada para el uso continuado como complemento es de 0,6 mg/kg al día.
  • Los ensayos son de semanas o meses, con seguimiento médico, en pacientes seleccionados. No describen un consumo libre y prolongado.
  • La sustancia no figura en la lista española de otras sustancias autorizadas.
Las dos columnas son ciertas. La diferencia está en si hablas de un tratamiento vigilado o de un producto que cualquiera compra sin consulta.

El síndrome insulínico autoinmune, el riesgo del que casi nadie habla

Existe una reacción rara, bien documentada y específica de este compuesto. Se llama síndrome insulínico autoinmune, o enfermedad de Hirata: el organismo fabrica anticuerpos contra su propia insulina, que la liberan de golpe y provocan hipoglucemias graves en personas que no son diabéticas.

La EFSA publicó en 2021 un dictamen dedicado exactamente a esta cuestión, a petición de la Comisión Europea. Revisó 49 casos publicados en los que el síndrome apareció tras el consumo de ácido alfa lipoico. En todos ellos se resolvió, en semanas o meses, al retirar el suplemento. Ninguna publicación relacionó el síndrome con el ácido lipoico presente de forma natural en los alimentos.

Las dos conclusiones que importan son estas. Primera: el riesgo se concentra en personas con determinados polimorfismos genéticos, que no pueden identificarse sin una prueba genética, y su prevalencia en Europa se sitúa entre el 0,1 % y el 3,9 % de la población. Segunda, y es la más incómoda para quien fija una dosis en una etiqueta: con los datos disponibles no se pudo determinar una dosis por debajo de la cual el síndrome no aparezca.

Con ese dictamen sobre la mesa, la Comisión abrió el procedimiento del artículo 8 del Reglamento 1925/2006, el que permite prohibir o someter a vigilancia una sustancia. España figura entre los Estados miembros que se han pronunciado a favor de restringirlo. A fecha de este artículo no hay decisión final adoptada, y el producto sigue en venta.

Efectos secundarios y quién debería evitarlo

Los efectos habituales son digestivos y dependen de la dosis: náuseas, vómitos, mareo, ardor de estómago. En SYDNEY 2 aumentaban de forma clara al pasar de 600 a 1 800 mg. También se describen erupciones cutáneas y, con más frecuencia de lo que la gente espera, un olor particular de la orina.

CUATRO SITUACIONES EN LAS QUE NO TIENE SENTIDO TOMARLO POR TU CUENTA

01

Si tomas insulina o antidiabéticos orales

Puede sumarse al efecto de tu medicación sobre la glucosa. La combinación se ajusta con tu médico, no por tu cuenta.

02

Si tienes o has tenido una enfermedad autoinmune tiroidea

Los casos publicados de síndrome insulínico autoinmune se concentran en personas con ese antecedente o con la predisposición genética asociada.

03

En embarazo y lactancia

No hay datos de seguridad suficientes en estas situaciones.

04

Si tienes déficit de vitamina B1

El compuesto interviene en el mismo punto del metabolismo energético que la tiamina, y el déficit conviene corregirlo antes.

Los cuatro puntos son motivos para consultar antes, no advertencias genéricas de descargo.

Y una última observación, sobre el motivo por el que mucha gente llega a este compuesto: el hormigueo, el ardor o el dolor que baja por una pierna. Cuando ese dolor viene de una raíz nerviosa comprimida y no de una neuropatía metabólica, el problema y el abordaje son otros, y lo tratamos en nuestra página sobre el dolor que recorre la pierna desde la zona lumbar. Sobre el terreno inflamatorio de fondo, que es el otro hilo de esta historia, trabajamos con una curcumina formulada para absorberse de verdad. En ninguno de los dos casos sustituye a un diagnóstico: un hormigueo nuevo y persistente en los pies se estudia.

Preguntas frecuentes sobre el ácido alfa lipoico

¿Qué es el ácido alfa lipoico y para qué sirve?

Es un ácido graso con azufre, también llamado ácido tióctico, que el cuerpo fabrica y que actúa como cofactor en la producción de energía celular. Es soluble en agua y en grasa. Su uso más estudiado es el alivio de los síntomas de la neuropatía diabética.

¿Quién no debe tomar ácido alfa lipoico?

Las personas que toman insulina o antidiabéticos orales sin supervisión médica, quienes tienen antecedentes de enfermedad autoinmune tiroidea, las mujeres embarazadas o en lactancia y quienes presentan déficit de vitamina B1. En todos esos casos la decisión corresponde a un profesional sanitario.

¿Puede un diabético tomar ácido alfa lipoico?

Es precisamente la población en la que más se ha ensayado, pero también aquella en la que la interacción con la medicación es más relevante, porque puede sumarse al efecto sobre la glucosa. La pauta se ajusta con el equipo médico que lleva la diabetes.

¿Qué dosis de ácido alfa lipoico se puede tomar al día?

Los ensayos clínicos han usado 600 mg diarios como dosis de referencia. El Comité Científico de la agencia española derivó, para el uso como complemento alimenticio, una ingesta diaria admisible de 0,6 mg por kilo al día, unos 42 mg para una persona de 70 kg. Las cápsulas del mercado español van de 100 a 600 mg.

¿Por cuánto tiempo se recomienda tomar ácido alfa lipoico?

Los ensayos de síntomas duran cinco semanas y los de evolución de la enfermedad, de seis a cuarenta y ocho meses. No existe una duración recomendada para el consumo libre, y el dictamen europeo sobre el síndrome insulínico autoinmune no pudo establecer una dosis segura, de modo que un uso prolongado sin supervisión no está respaldado.

¿Es mejor el ácido R-alfa lipoico que el racémico?

La forma R es la natural y la única activa como cofactor, y se absorbe mejor, sobre todo como lipoato de sodio. Pero ningún ensayo ha comparado las dos formas midiendo un resultado clínico, y toda la evidencia que se cita procede de estudios hechos con la mezcla racémica.

¿En qué alimentos hay ácido alfa lipoico?

En espinacas, brócoli, tomate, guisantes, coles de Bruselas y en vísceras como el hígado y el riñón, siempre en cantidades de microgramos por ración y unido a proteínas. La dieta no se acerca a las dosis de un suplemento, y el cuerpo lo sintetiza por su cuenta.

Fuentes

Ziegler D., Ametov A., Barinov A. et al. Oral treatment with alpha-lipoic acid improves symptomatic diabetic polyneuropathy: the SYDNEY 2 trial. Diabetes Care, 2006;29(11):2365-2370. DOI: 10.2337/dc06-1216

Ziegler D., Low P.A., Litchy W.J. et al. Efficacy and safety of antioxidant treatment with α-lipoic acid over 4 years in diabetic polyneuropathy: the NATHAN 1 trial. Diabetes Care, 2011;34(9):2054-2060. DOI: 10.2337/dc11-0503

Baicus C., Purcarea A., von Elm E., Delcea C., Furtunescu F.L. Alpha-lipoic acid for diabetic peripheral neuropathy. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2024;1:CD012967. DOI: 10.1002/14651858.CD012967.pub2

EFSA Panel on Nutrition, Novel Foods and Food Allergens. Scientific opinion on the relationship between intake of alpha-lipoic acid (thioctic acid) and the risk of insulin autoimmune syndrome. EFSA Journal, 2021;19(6):6577. DOI: 10.2903/j.efsa.2021.6577

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